Kin-tsu-ku-roi.

¡Buenos días!

Qué gustazo el puente, de verdad... Me da muchísima pena que se acabe tan pronto, pero la verdad es que también tengo ganas de que vuelva el lunes, pues para mí este puente es como el fin definitivo de las vacaciones. Septiembre es un mes confuso: empiezas las clases, sí, pero no tienes nada que estudiar (medicina es un caso aparte, como siempre), aún no te adaptas del todo a la rutina, los fines de semana te da la sensación de que vuelves a tener vacaciones... Sin embargo, a partir de este puente tengo la esperanza (la esperanza es lo último que se pierde) de sentirme más ubicada y más centrada en la rutina.

Ayer sábado, bajando corriendo las escaleras de mi casa para ir a comprar el pan, se me cayó de las manos mi colgante favorito porque lo compré en Venecia, y me recuerda muchísimo al viaje tan bonito que hice con Óscar.

¿Qué hacía yo por las escaleras de mi casa con un colgante en la mano en vez de en el cuello?, pensaréis. Bueno, pues con las prisas pensé que ya me lo pondría bajando las escaleras en vez de en el baño, como haría una persona normal.

Pero yo no, yo iba por las escaleras con el colgante de una mano y con el cordón en la otra, intentando enhebrarlo. El maravilloso resultado fue que se me resbaló de las manos y fue a caer directo al suelo... será cosa de la gravedad, supongo.

Total, que os imagináis a una Moni toda desanimada bajando las escaleras y con un trozo del colgante en cada mano. Pero de repente, me acordé de una técnica artística de algún país en el que era súper bonito arreglar las grietas de piezas de cerámica o de otras cosas a base de rellenarlas de oro o plata. Y fue en ese momento en el que decidí que ese colgante pasaría de ser mi favorito a ser mi súper favorito.

Acabo de hacer una breve búsqueda por internet: es un arte japonés, y consiste en hacer fuerte y bello lo débil. Opinan que algo que tiene algún daño y tiene una historia, es algo mucho más hermoso.



Este arte tiene nombre, uno imposible de pronunciar para mí: Kintsukuroi. Me lo he aprendido por trocitos

Kin-tsu-ku-roi. 

Y nada, creo que me toca reparar mi colgante con algún material que lo pueda embellecer, pero creo que utilizaré algo low cost, y en vez de utilizar oro o plata, quizás utilice algún elemento innovador y original, como puede ser... la cola escolar.

El próximo domingo os explico cómo ha ido.

¡Por cierto! Una amiga, que tiene un blog que se llama 'Libelaluz' me mandó un enlace que le recordó a mí, y me gustaría compartirlo con vosotros:

http://www.ticbeat.com/cyborgcultura/7-ideas-para-perderle-el-miedo-a-los-domingos-por-la-manana/

¡Gracias Leticia!

Y ya está, esto es todo por hoy... ¡Hasta el próximo domingo!

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