Entrenadores personales
¡Buenos días!
Os va a parecer irónico, pero subiré una entrada sobre el gimnasio cuando realmente llevo una semana sin ir, pero es que tengo tantas cosas que deciros sobre el gimnasio que no puedo esperar más.
En mi gimnasio hay unos entrenadores personales que siguen la actividad física de los ¿clientes? ¿Se llaman así? No sé si son clientes, alumnos, usuarios... pero son los acompañados de los entrenadores personales.
Muchas veces me he parado a pensar en qué es lo que realmente hacen, porque yo muchas veces he ido sola y a veces he visto algunas funciones que son realmente útiles y otras funciones que no las termino de entender.
- Relaciones públicas: Es completamente típico que mientras tú lo estés dando todo, el entrenador se dedique a estrechar la mano contra la de otros parroquianos y a comentar cómo de fuertes están.
- Matemáticos profesionales: Para hablar de eso, antes quiero dejar claro que en el gimnasio todos sufrimos de dislexia numérica. Reiros de mí si queréis, pero estoy segura de que hay algo que falla en todos nosotros cuando estamos contando cuantas pesas estamos haciendo. A mi me pasa muchísimo que voy contando 11, 12, 13, me distraigo un momentito (en el gimnasio es muy fácil hacerlo, qué os voy a decir) y voy por la 33, 34 y 35. Y acabo fresca como una lechuga, sin sentirme cansada ni nada. Luego cuando pasamos al otro brazo, ahí no me distraigo y hago las 35 pesas seguidas, y después me sorprendo por qué un brazo está más fuerte que el otro. Yo lo llamo 'asimetría' para que evitar tener que dar explicaciones.
- Animadores: Algo que echo mucho de menos es que me digan: venga Moni, que lo estás haciendo genial, ¡dale caña! La verdad es que yo envidio a la gente que está siendo entrenada por eso, porque tienen a alguien dándole ánimos y subiendoles la autoestima, mientras que a mí lo único que me baja es el sudor, chorreando.
Y ya está, la verdad es que creo que tendría que publicar otra entrada analizando el comportamiento de los chicos que van al gimnasio... la verdad es que se diferencian dos grupos principales: los que están ya buenos (y lo saben) y los que no lo están (y no lo saben).
Bueno, ¡tendré que ir al gimnasio ya, que se me va a olvidar hasta dónde están situadas las máquinas de brazos y piernas del tiempo que llevo sin ir!
¡Hasta el próximo domingo, amigos!
Os va a parecer irónico, pero subiré una entrada sobre el gimnasio cuando realmente llevo una semana sin ir, pero es que tengo tantas cosas que deciros sobre el gimnasio que no puedo esperar más.
En mi gimnasio hay unos entrenadores personales que siguen la actividad física de los ¿clientes? ¿Se llaman así? No sé si son clientes, alumnos, usuarios... pero son los acompañados de los entrenadores personales.
Muchas veces me he parado a pensar en qué es lo que realmente hacen, porque yo muchas veces he ido sola y a veces he visto algunas funciones que son realmente útiles y otras funciones que no las termino de entender.
- Relaciones públicas: Es completamente típico que mientras tú lo estés dando todo, el entrenador se dedique a estrechar la mano contra la de otros parroquianos y a comentar cómo de fuertes están.
- Matemáticos profesionales: Para hablar de eso, antes quiero dejar claro que en el gimnasio todos sufrimos de dislexia numérica. Reiros de mí si queréis, pero estoy segura de que hay algo que falla en todos nosotros cuando estamos contando cuantas pesas estamos haciendo. A mi me pasa muchísimo que voy contando 11, 12, 13, me distraigo un momentito (en el gimnasio es muy fácil hacerlo, qué os voy a decir) y voy por la 33, 34 y 35. Y acabo fresca como una lechuga, sin sentirme cansada ni nada. Luego cuando pasamos al otro brazo, ahí no me distraigo y hago las 35 pesas seguidas, y después me sorprendo por qué un brazo está más fuerte que el otro. Yo lo llamo 'asimetría' para que evitar tener que dar explicaciones.
- Animadores: Algo que echo mucho de menos es que me digan: venga Moni, que lo estás haciendo genial, ¡dale caña! La verdad es que yo envidio a la gente que está siendo entrenada por eso, porque tienen a alguien dándole ánimos y subiendoles la autoestima, mientras que a mí lo único que me baja es el sudor, chorreando.
Y ya está, la verdad es que creo que tendría que publicar otra entrada analizando el comportamiento de los chicos que van al gimnasio... la verdad es que se diferencian dos grupos principales: los que están ya buenos (y lo saben) y los que no lo están (y no lo saben).
Bueno, ¡tendré que ir al gimnasio ya, que se me va a olvidar hasta dónde están situadas las máquinas de brazos y piernas del tiempo que llevo sin ir!
¡Hasta el próximo domingo, amigos!
Mónica.
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Dime... Soy toda ojos.